El cuerpo de cada informe sigue el mismo esqueleto. Primero, la fuente y el período. Segundo, la cifra que el organismo pone adelante y la apertura que la mesa considera necesaria para no dejar el número suelto. Tercero, lo que el dato no permite afirmar. Ese tercer bloque no es un descargo legal de relleno: es el control de certeza aplicado al recorte de esa semana. Si el organismo publicó una revisión del mes previo, va en el mismo texto, no en una nota al pie escondida.
Las piezas no se firman con nombre propio. La responsabilidad es de la redacción. Si hay una corrección, se fecha en la página y se deja visible la frase anterior. Un informe preliminar puede pasar a confirmado cuando el organismo cierra el dato; ese cambio de marca también se registra. El archivo no se reescribe en silencio para parecer más limpio de lo que fue la primera lectura.